Blog económico y social

Pedro Sanchez a Podemos con la economía de fondo: " Somos la Izquierda"

Escrito por altmaresmecountry 15-01-2018 en economía. Comentarios (0)
En un claro mensaje dirigido a la formación morada, Pedro Sanchez reivindica al PSOE como la única alternativa de izquierdas al PP. "Somos la izquierda" es el eslogan elegido para comenzar a trabajar en el futuro del PSOE, en la nueva época que comienza, y que ha sido distribuido a través de su web, medios de comunicación y redes sociales en forma de vídeo.


El PSOE celebrará los próximos días 16,17 y 18 de junio, en Madrid, el 40º Congreso Federal, donde reafirmarán la reivindicación del PSOE como la única alternativa de izquierdas frente a Podemos.

 Para ello quieren exponer durante el congreso, el malestar general de los ciudadanos españoles durante el último lustro, años de «corrupción, precariedad, desigualdad, recortes, injusticia y mordazas»,algo que ya ha sido denunciado durante los últimos años por el diario Cronista digitaly que ahora lo recalca Sánchez, que además añade que muestran como la sociedad ha levantado la voz para «decir bien alto, basta». 

Con estas manifestaciones y según el Pedro Sánchez quiere comenzar a recuperar la calle, que hasta ahora está siendo un monopolio exclusivo de la formación morada. 

 En el vídeo, Pedro Sánchez lanza un compromiso para con los militantes, que le devolvieron a la secretaría general del PSOE, «Volveremos a ser un partido unido, abierto, coherente, creíble, de izquierda y construido por sus militantes». demás lanzo otro mensaje a la formación de Pablo Iglesias, «Somos la única alternativa real al PP».

En las últimas semanas el PSOE tiene varias batallas abiertas en diferentes regiones, y visitará en las próximas semanas Canarias, donde según Las Palmas noticias, tratará de poner orden el el Partido Socialista de Las Palmas, partido que lleva en constante disputa durante los últimos años, tras los malos resultado electorales.

La economía no termina de despegar

Escrito por altmaresmecountry 02-02-2015 en economía. Comentarios (0)

El crecimiento de la economía española se mantiene a una velocidad de crucero bastante satisfactoria si miramos a nuestro alrededor. Ayer, el INE ha hecho públicos los resultados de la Contabilidad Nacional trimestral que reflejan un aumento del Producto Interior Bruto del 2,1% en términos anuales. Es un aumento idéntico al del trimestre anterior. La velocidad del crecimiento se mantiene, por lo tanto, constante, sin desfallecimiento.

Si alguna variación se puede subrayar respecto al trimestre anterior, dos resultan destacables. La primera, que el desfallecimiento de la demanda exterior se ha visto compensado con un aumento de la actividad de la demanda interna, lo que significa que la Política Económica desarrollada en estos últimos meses ha logrado compensar a la economía de los efectos adversos de la crisis económica internacional. Bien es verdad que la menor demanda exterior parece estar reflejando también una cierta pérdida de competitividad de la economía española ya que el diferencial de inflación sigue siendo la asignatura pendiente de la economía española. Pero en el plano interior ha aumentado a ritmo más vivo el consumo privado debido al aumento de la renta disponible que se explica en parte por la situación favorable de la fiscalidad de las familias, beneficiadas en sus ingresos por los últimos recortes de los impuestos personales.

La segunda variación importante en el desarrollo de la economía durante este primer trimestre del año ha sido el vuelco que ha dado la inversión productiva, que ha registrado en este periodo su cuarta mejoría consecutiva e incluso ha salido de las tasas negativas que venía registrando desde hacía meses. Este indicador es posiblemente el más trascendente de cara al inmediato futuro porque tiene el valor de anticipar una tendencia que tiene el aspecto de resultar cada vez más positiva.

Se ha valorado poco en los últimos días, en los análisis que se están haciendo de los recientes resultados electorales, la posible influencia de la situación económica en la decisión final de los votantes. En algunas comparaciones se han confrontado los resultados electorales del año 1993 con los que acabamos de ver. No ha debido pasar inadvertido a algunos o a muchos de los votantes el hecho de que España, en el año 1993, atravesaba una recesión económica, que se tradujo en una caída del orden del 1% del PIB, caída superior incluso a la de la Unión Europea de entonces. A diferencia del año 1993, la economía española no sólo crece y muestra tasas positivas apreciables, sino que crece bastante por encima de la media de nuestros vecinos. Adicionalmente, la situación monetaria es con diferencia mucho más favorable ahora que hace diez años, cuando los tipos de interés a largo plazo estaban por encima del 10% frente al 3,70% en que se encuentran actualmente, con todo lo que ello conlleva para facilitar la inversión empresarial y el endeudamiento de las familias.

La gestión de la economía está marcando drásticamente la diferencia entre las dos situaciones. Y todo parece indicar que el Gobierno del PP puede llegar a las próximas elecciones legislativas, previsiblemente en la primavera del año próximo, con una situación económica bastante más saneada incluso que la actual. En economía se puede decir que estamos dejando atrás lo peor y que por delante sólo quedan situaciones más favorables o, en el peor de los casos, no peores que las de estos últimos meses. No hay que olvidar que el Gobierno dispone de un importante colchón de gasto del que puede echar mano para contingencias electorales sin por ello desbaratar el equilibrio de las finanzas públicas, una disponibilidad con la que no cuentan las economías más importantes de la Unión Europea en estos momentos, encorsetadas en su comportamiento fiscal debido a los reiterados incumplimientos del Plan de Estabilidad. Llegar a la próxima cita electoral con este grado de salud económica o incluso mejor constituye una perspectiva muy a tener en cuenta para los autores de los próximos programas políticos.


Ejemplo de una privatización a destiempo

Escrito por altmaresmecountry 01-02-2015 en economía. Comentarios (0)

El Estado alemán acaba de materializar la venta del 6% del capital de una de las empresas más significativas del país, Deutsche Telekom, aunque conserva un tercio del capital de la misma y por tanto una amplísima capacidad decisoria. La venta en sí misma no tiene mayor trascendencia porque se trata de una compañía que sigue en la órbita de las decisiones estatales. Lo más significativo es el hecho de que esta nueva venta de acciones le haya reportado al Estado alemán una tercera parte de lo que recaudó por la venta, hace cuatro años, de una participación de similar cuantía, también de algo más del 6%. Se trata, por tanto, de una venta a destiempo, realizada de forma incompleta y cuando los mercados de renta variable se encuentran en uno de sus momentos más inciertos en los últimos años. Aun así, la liquidación de estas acciones le permitirá al Gobierno socialdemócrata de Schroeder obtener algunos ingresos adicionales (unos 15.000 millones de euros) con los que contribuir a tapar el impresionante agujero de las finanzas públicas.

No muy lejos, en Polonia, este país recién salido del comunismo está reviviendo estos días un fenómeno que se creía olvidado, el de las largas colas de ciudadanos acudiendo a la compra. Pero esta vez no se trata de adquirir bienes alimenticios ni otro tipo de productos esenciales. Se trata, como cuentan las crónicas, de hacer cola ante cada una de las cerca de mil agencias bancarias para adquirir acciones de una entidad, el poderoso PKO, el primer banco del país, que se encuentra en proceso de privatización, de momento tan sólo el 30% de su capital. La salida a Bolsa, que se espera para noviembre, permitirá al Estado polaco cubrir parte de su déficit público sin recurrir a nuevo endeudamiento, posibilidad que le tienen vetada las autoridades comunitarias debido a que su deuda pública está al límite de lo que tolera el Pacto de Estabilidad.

Otro país europeo que vive estos días sometido a la necesidad de vender pertenencias para resolver sus agobios financieros y presupuestarios es Italia. En Italia hay algunas privatizaciones en vías de ejecución. La más importante es la del Ente Nazionale Idrocarburi (ENI), la compañía estatal que gestiona buena parte del sistema energético, en el área de los hidrocarburos, y en la que el Estado controla alrededor de un tercio del capital. El precio estimado de esta participación supera los 20.000 millones de euros y, aunque no es más que una parte de la necesidad financiera de Italia para tratar de salir del pozo sin fondo de su descontrol presupuestario, podría contribuir a devolverle algo de solvencia al sector público italiano, prisionero en estos momentos de las abundantes promesas realizadas por Berlusconi en el último Ecofín, en el que se salvó de las sanciones por los pelos. La venta de esta participación estatal del ENI plantea, sin embargo, problemas de otra índole, sobre todo la posibilidad de que la compañía sea objeto de las apetencias compradoras de algún grupo petrolero internacional, que aprovecharía la vasta extensión de los dominios empresariales de este grupo energético, uno de los grupos petroleros europeos mejor asentados internacionalmente.

Francia tiene también su particular cita con los mercados, una cita que está aplazando año tras año pero que la urgencia de la necesidad presupuestaria está acercando a marchas forzadas, ya que el sistema de la Seguridad Social en el vecino país se encuentra ya fuera de control en materia presupuestaria. Electricité de France y Gaz de France, dos supervivientes de los monopolios nacionales que aún perviven en Europa, y que en Francia abundan más que en ningún otro país de la Unión Europea, son dos de los candidatos a una cierta privatización, aunque en este caso uno de los principales escollos será la presión de los poderosos sindicatos, que en los últimos meses han multiplicado sus esfuerzos y hasta sus acciones directas y violentas para impedir lo que parece un proceso irreversible, la salida al mercado de estas dos empresas, sobre todo la primera.

Las ventas de estas empresas y su paso a manos de gestores profesionales llegan en momento poco oportuno para los vendedores. Habrían podido obtener más dinero si las hubieran afrontado a tiempo. Lo malo de vender con prisas es que los precios no siempre responden a las necesidades y mucho menos a las expectativas.


Infraestructuras económicas con una visión global

Escrito por altmaresmecountry 30-01-2015 en economía. Comentarios (0)

El planeamiento de las infraestructuras sirve, entre otras cosas, para incidir de modo más o menos determinante en la configuración territorial de un país. A menudo, su dotación discurre un tanto a remolque de la realidad: se planifican y ejecutan cuando ya se ha hecho suficientemente patente su necesidad. Pero no siempre es así. Otras veces –no pocas- el despliegue de equipamiento surge como consecuencia de simple designio político, ya sea porque promoverlas “luce” o porque llevándolas a cabo se pretende auspiciar una especie de dirigismo en la evolución socioeconómica de un determinado territorio, con dispar intención. No hace falta señalar excesivamente los peligros y riesgos que entraña esta última modalidad de planificación.

No es ajeno al devenir político que la filosofía básica en la materia se someta a periódica revisión. Nunca faltan argumentos, entre otras cosas porque los desequilibrios acostumbran a ser patentes y siempre se pueden manejar ejemplos de que unos territorios andan menos favorecidos que otros, o tienen en mayor o menor medida cubierto su catálogo de necesidades de carácter esencial. Ocurre, además, que suele ser más cierto que la carencia de infraestructuras estrangula el desarrollo, que verdadero el principio de que su abundancia poco menos que asegura el apresurado despegue hacia la prosperidad. Y, como no faltan ejemplos ni de lo uno ni de lo otro, resulta casi imposible anticipar la repercusión efectiva de cada demanda particular, lo que a su vez dificulta sobremanera cualquier intento de prospectiva racional, máxime si conduce a considerar innecesaria la dotación reclamada o siquiera a cuestionar su oportunidad.

Lo normal, en todo caso, es que las posibilidades financieras o inversoras no alcancen a cubrir buena parte de las demandas acumuladas, incluso computando únicamente las de manifiesta necesidad. Tanto más teniendo en cuenta que el desarrollo y la prosperidad conducen inexorablemente a que toda infraestructura acabe viéndose desbordada y al borde de la congestión. De alguna manera, todo equipamiento que se revela oportuno acaba generando un círculo de éxito que desemboca en la necesidad de multiplicar su capacidad, haciendo necesarias nuevas propuestas y/o ejecuciones de inversión. Huelga decir que, frente a ello, la única política posible es fijar prioridades, trazar calendarios y, en consecuencia, elegir unas en detrimento de otras que, en el mejor de los casos, habrán de esperar. Y es aquí donde entran en juego los juegos de intereses, tanto los estrictamente políticos como los demás.

Un debate recurrente en España es el que plantea la dicotomía de profundizar o corregir la innegable concepción radial que tradicionalmente ha inspirado la dotación de infraestructuras a escala nacional. Concepción que, al hilo del desarrollo autonómico, en muchos casos ha contagiado el mapa de la correspondiente comunidad. Resolverla no es sencillo porque no se parte de la nada: de alguna manera, las dudas se concentran en atender necesidades reales, sin duda articuladas en torno a ese modelo radial, o apostar porque otro tipo de planeamiento sea suficiente para que las cosas se articulen de diferente modo, aún a riesgo de dejar transitoriamente desatendida más de una necesidad real. El debate viene de antiguo, pero nunca se ha acabado de cerrar, acaso porque se ha mantenido demasiado en zonas de superficie, sin abordarlo a fondo en busca de una conclusión estable desde la que avanzar. Antes bien, se ha ido dejando medio resuelto, de forma un tanto espasmódica, aunque bien es verdad que con una clara propensión a la centralidad.

No faltan quienes sostienen que ya es tarde para abordar racional y desapasionadamente la discusión. Creen que la consolidación del estado de las autonomías, con la rotunda traslación del poder de decisión a los entes territoriales, ha potenciado el componente parcial e incluso localista del asunto y reducido las posibilidades de que una efectiva planificación pudiera ser liderada o coordinada desde la administración central. Es, sin duda, una visión pesimista que, de confirmarse, redundaría en perjuicios de índole global. Precisamente por eso, sin ser el único motivo, se hace cada vez más deseable que el diseño autonómico encuentre su complemento institucional para, más que competir a riesgo de restar, propiciar fórmulas que hagan posible sumar.